LA PRÁCTICA DE LA EVIDENCIA EN LA PRÁCTICA PRIVADA

Hace poco escuchaba a un colega quejarse o más bien preguntarse si iba contra corriente al practicar la medicina basada en evidencia en una arena puramente de índole privado, es decir, donde el único o el mayor ingreso económico proviene del cobro de sus honorarios a sus pacientes.

Y es que una característica del paciente privado mexicano es que siente que si va a pagar a un médico por sus servicios, no puede irse del consultorio sin una receta de uno de los antibióticos más caros, o con una lista enorme de medicamentos con nombres rimbombantes.

Hacer una medicina basada en evidencias, muchas veces significa para el paciente que no fue bien tratado.

Mi colega se quejaba al compararse con otros colegas.

“-Yo” -decía- “me tardé media hora en explicarle a la señora que lo importante de una gastroenteritis no es quitar el vómito, sino hidratar al niño, y que los medicamentos contra el mismo no sirven o suelen ser peligrosos. Le expliqué también que la hidratación oral, que no es necesario internar a los niños a pesar de que siga vomitando, que es más rápido la hidratación oral que la intravenosa… en fin, una serie de cosas que al final lo único que tenía apuntado en la receta eran instrucciones… me preguntó que si era todo lo que le iba a prescribir y se retiró con cara de pocos amigos, y más cuando mi secretaría le cobró. Días después me enteré que había acudido con otro pediatra, quien le administró toda serie de antieméticos, antidiarreicos e incluso un antibiótico de los caros.”

El escenario no era ajeno a mi persona, y es algo no tan raro seguro entre otros médicos. La pregunta que me surgió es si la evidencia debe estar peleada con la práctica privada.

Definitivamente pensé que no, siempre y cuando el deseo del médico continúe a pesar de las adversidades y la resistencia al cambio de sus pares. Es bien conocido que los cambios o la adopción de algo nuevo pasa por fases y que existen desde los innovadores, los aceptadores tempranos, hasta los que nunca cambiarán su forma de pensar (afortunadamente este último grupo es menos del 15% aproximadamente).

Lo que sí es cierto, es que al inicio, si dependemos puramente de los ingresos privados, practicar la MBE implicará un “sacrificio”, y tendremos muchas veces que mordernos los labios y dejar que nuestro paciente como en el ejemplo, cambie de médico por una terapia que pudo ser que no hiciera cambio en el desenlace final o incluso pudo haber hecho daño.

Creo fuertemente que la clave estará en la comunicación eficiente por nuestra parte hacia el paciente, lo que se conoce como la adecuada transferencia del conocimiento, de la evidencia al paciente. Podemos ayudarnos con herramientas de cualquier índole, sitios web, panfletos, dibujos en un pizarrón, hasta el uso de la tecnología de punta como una iPad.

Sí, durante este cambio, se perderán pacientes, pero creo que en aras del progreso, vale la pena.

Irónicamente, no tengo evidencia fuerte de esto, pero ahora sí que “a mí, me funciona”. ¿Y a ti?

Dr. Carlos A. Cuello
Centro de Medicina Basada en Evidencia
Tecnológico de Monterrey

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Una respuesta en “LA PRÁCTICA DE LA EVIDENCIA EN LA PRÁCTICA PRIVADA

  1. Cesar Monroy Fonseca

    Interesante reflexión. Llama la atención cómo en la anécdota de la madre con el hijo con diarrea, predominó la necesidad por obtener una respuesta “clásica” a una “científica”.

    En el campo de la psicología clínica ocurre algo contrastante. Cuando practicaba líricamente la psicología dogmática (léase Dinámica, Cognitiva, Conductista, etc.) no importaba qué paciente cruzara por la puerta, éste automáticamente era sometido al diván de Procusto para que fuera cual fuese su motivo de consulta, se ajustaba a la perfección en el marco teórico que me había predispuesto. Esto les daba a los pacientes una justificable incertidumbre al no saber exactamente en qué consistía ir al psicólogo.

    Ahora que ejerzo con la metodología basada en evidencia, y la promuevo activamente, he notado un constante interés de los pacientes por enterarse un poco más de lo que hago; preguntan, cuestionan, e incluso traen anécdotas de anteriores psicólogos que habían visitado, de los cuales no saben decir si hubo o no en algún momento algo que pudiese llamarse “tratamiento”.

    En definitiva, la práctica basada en evidencia representa una oportunidad y una postura necesaria para profesionalizar ciertas actividades mal llamadas clínicas, como una gran diversidad de psicoterapias que la estadística nos ha demostrado que son tan efectivas como charlar en un café.

    ¿En la práctica privada? Yo diría, ¡especialmente ahí!

    Saludos cordiales,

    C.M.

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