MBE: Fundamentos y su enseñanza en el contexto clínico

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Si la medicina siguiera practicándose como hace siglos, nuestro trabajo como profesionales de la salud sería fácil. Podríamos culpar a un “humor” o a un “espíritu” de las enfermedades de la humanidad; o bien podríamos seguir desangrando a los pacientes para curarlos de fiebre, aplicar aceite hirviendo en sus heridas de guerra para evitar gangrena, o producir un choque hipoglucémico para “curar” la esquizofrenia. En los inicios de la humanidad, importaba más quién curaba (por ejemplo, el chamán más sabio) y no tanto el cómo o el qué. Las decisiones de los encargados de la salud se apoyaban usualmente en cualquier creencia, en sus propias convicciones u observaciones sin ser probadas mediante el método científico.

Para nuestra fortuna, la ciencia fue un requisito para los que practicaban la atención a la salud, uniéndose a ese arte necesario de interacción humana que siempre ha caracterizado a la medicina. Gracias a ello obtuvimos mayor conocimiento con menos probabilidad de errores y sesgos. Comenzamos a obtener información científica al alcance de nuestras manos. Gracias a un libro o a una revista médica, teníamos valiosa información para nosotros y nuestros pacientes. Posteriormente, un teclado y una computadora conectados a la internet serían suficientes para incrementar la rapidez y el tamaño del flujo de datos, con la notable consecuencia de que hoy en día es imposible estar al tanto de toda la información que surge de la ciencia médica. Esto ocasionó una brecha de conocimiento: muchos tratamientos o toma de decisiones en salud son recomendados sin un sustento científico, mientras que muchos otros, que pueden funcionar, no se usan, o se usan mal, o los que hacen daño se siguen usando. En pocas palabras, la incertidumbre sigue estando presente en el ámbito de la interacción médico-paciente.

El médico y todos los profesionales de la salud se dedican a proveer el mejor consejo para ayudar a los pacientes en la toma de decisiones y así generar mejores desenlaces en la salud del individuo y de la sociedad. Pocos niegan que esta toma de decisiones debe venir de un buen juicio sobre los beneficios, costos y posibles daños de la decisión que estén tomando, y este juicio debe estar apoyado en la mejor investigación científica disponible sin dejar de lado los valores y preferencias de cada paciente.

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El curioso caso del benzonatato

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Hace tiempo, al pasar visita con los infectólogos del hospital, vimos a un niño con tos ferina. Al repasar su manejo, me dirigí al residente y estructuramos una pregunta PICO:

  • P: En niños con tos ferina,
  • I: el uso del benzonatato,
  • C: comparado con placebo, o con algún otro antitusígeno,
  • O: ¿reduce la estancia intrahospitalaria? ¿reduce las complicaciones? ¿y la mortalidad?

Fue un ejercicio académico rutinario en el que esperábamos obtener una respuesta rápida. Sin embargo, no fue así. Continuar leyendo

¿Google basado en evidencia?

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La calidad de información en salud en internet es variada. Eso es obvio. Si sabemos cómo y dónde buscar podemos encontrar información válida. Incluso sin saber hacerlo por lo general encontramos buena información.  Pero, ¿se imaginan si Google nos ayudara mostrándonos en sus resultados algún tipo de puntaje o símbolo en base a la evidencia científica de cada página? Continuar leyendo

Evitar lactosa en niños con diarrea

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Uno de los grandes avances de la medicina en el Siglo XX fue la introducción de la terapia de rehidratación oral. Gracias a este simple y barato tratamiento, la mortalidad por diarrea aguda prácticamente desapareció en países de medio y algo ingreso. También se redujo la mortalidad en los países de bajo ingreso, pero aún hay trabajo por hacer. Este trabajo incluye el plan de la OMS para erradicar las muertes por diarrea prevenibles en el año 2025 (WHO 2013). Ésa es la prioridad, pero otro paso importante es reducir las molestias de la enfermedad.

La diarrea aguda en niños es comúnmente causada por gastroenteritis infecciosas. La etiología más frecuente sigue siendo el rotavirus (aunque gracias a la vacuna también ha disminuido). Y como muchas infecciones producen una intolerancia transitoria a la lactosa, suena lógico evitarla por un tiempo.

Lógico, sí. ¿Pero práctico? Continuar leyendo