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¿QUÉ ES UN ENSAYO CLÍNICO N de 1?

Muchas veces como médicos hemos “probado” en nuestros pacientes alguna droga y les pedimos que regresen para ver cómo les fue con esta medicina que prescribimos. Si no le ha funcionado bien o siente algún efecto adverso cambiamos a otra opción también válida. Por ejemplo, en el supuesto que estás viendo un lactante con cólico intenso, eccema y reflujo gastroesofágico, y decides “experimentar” leches con proteínas parcialmente hidrolizadas vs totalmente hidrolizadas, ya que sospechas intolerancia a las proteínas de leche de vaca. Decides decirle a los padres que “experimentarás” con distintas leches midiendo la comodidad y el reflujo del niño. Ellos están de acuerdo, ya que saben que las leches totalmente hidrolizadas son muy caras.

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UN DULCE ANTES DE VACUNAR

Mañana comienzan las XXX Jornadas Conmemorativas de nuestro hospital.

En una entrada previa platicábamos acerca de la sacarosa como analgésico en neonatos, y en la conferencia de mañana volveremos a tocar el tema, ahora durante la vacunación de los niños pequeños. Les comparto el artículo valorado críticamente de la revista Evidencias en Pediatría, el Picket de la revista ADC E&P, y las diapositivas de mi plática:

RESULTADOS IMPORTANTES PARA EL PACIENTE

Durante las próximas XXX Jornadas Pediátricas de nuestro hospital me tocará hablar acerca del uso de la sacarosa para disminuir el dolor cuando se vacunan los niños. Es un tópico sencillo, pero por alguna razón aún algo desconocido entre pediatras. La eficacia del azúcar como analgésico ha sido demostrada tanto en lactantes que reciben inmunizaciones, como en recién nacidos que se someten a procedimientos menores.

Por eso me llamó la atención una noticia publicada en varios sitios hace menos de 2 semanas. En el Guardian la titularon: “Los recién nacidos no deben recibir azúcar como analgésico, un estudio del Lancet advierte que esa actual práctica médica no funciona y pudiera causar daño cerebral“. Continuar leyendo

LAVADOS NASALES PARA EL RESFRIADO

La Biblioteca Cochrane acaba de publicar una revisión sistemática sobre los lavados nasales en infecciones respiratorias altas. Desde que leí el título me pareció interesante porque he escuchado opiniones totalmente encontradas al respecto. Algunos médicos los recomiendan de rutina, mientras que a otros les parece una tortura irrigar la nariz.

La mayoría de los resultados no demuestra beneficios de la irrigación con solución salina. Se detectaron mínimos beneficios en los pacientes adultos (reducción de 0.3 días de síntomas y menor tiempo fuera del trabajo). Pero se menciona que el 40% de los bebés no toleran las gotas nasales (yo diría que son menos los que las toleran).

Lo decepcionante no es precisamente que no sirva este tratamiento, sino que faltan muchos estudios para saber su verdadera eficacia. Los autores concluyen que los ensayos eran muy pequeños y con un gran riesgo de sesgos. Ahora que lo pienso, la mayoría de las revisiones que he leído acerca de tratamientos para condiciones benignas como las infecciones respiratorias altas (jarabes para la tos, mucolíticos, antihistamínicos para el resfriado…) terminan de manera similar: poco o nada de beneficio, pero falta mayor evidencia. ¿Será que como son condiciones que al final se autolimitarán no se les da importancia y por ello no se realizan buenos ensayos clínicos?

Y de pilón, algunas revisiones que finalmente se han publicado al respecto en Cochrane se están quitando porque los autores ya no tienen tiempo de actualizarlas (e.g. descongestivos intranasales, antihistamínicos para el resfriado).

Por lo pronto, seguiremos tratando de manera empírica estos padecimientos que representan un alto porcentaje de la consulta pediátrica. Y con ello, habrá una gran variabilidad en la práctica.

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa

DE LA ALTERNATIVA A LA CONVENCIONAL

Ayer hablábamos del poder de la mente y el efecto placebo. Y también mencionamos un poquito de que las “terapias alternativas” funcionan por este efecto placebo. ¿Qué pasa cuando una terapia considerada alternativa se estudia con una buena metodología y verdaderamente se demuestra una eficacia? ¿La terapia alternativa se transforma en terapia convencional?

Todos hemos oído de la magnetoterapia. En la mayoría de los casos, se trata de “medicina alternativa”, sin pruebas que la avalen. Pero hace poco fue publicado en la revista Lancet un curioso ensayo clínico de magnetos para aliviar la migraña.

Lipton RB y colaboradores realizaron un ensayo clínico aleatorio, doble ciego, en el que usaban un pulso magnético transcraneal para pacientes con migraña con aura. Al grupo placebo les ponían un aparato idéntico pero que no lanzaba el pulso magnético. El objetivo principal fue la desaparición del dolor a las 2 horas.

Sus resultados: 32/82 [39%] respondieron en el grupo tratado, 18/82 [22%] en el grupo control. Así tenemos una diferencia absoluta del 17% y un número necesario a tratar de aproximadamente 6. Bastante impresionante. Y también tuvieron resultados benéficos para que los pacientes estuvieran libres de dolor a las 48 horas.

Entonces, en este caso en particular, el magneto pasó de lo alternativo a lo convencional. Pero conste que no son magnetos de esos que venden en la verbena.

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa