Archivos de la categoría: Medicina Basada en Evidencias

No le creas sólo por ser metaanálisis

Un solo estudio rara vez da suficiente certeza como para recomendar algo en salud. Hay cosas que pueden suceder por azar. El número de participantes en el estudio, el número de desenlaces clínicos, la manera de asignar los tratamientos a cada grupo, el efecto placebo, el seguimiento de los pacientes, etc., todo ello tiene un impacto en dicha certeza. De ahí la importancia de tratar de juntar todos los estudios que existan tratando de responder una misma pregunta. Precisamente ése es el objetivo de las revisiones sistemáticas.

Los autores de una revisión de calidad se formulan una pregunta clínica específica y escogen el tipo de estudio más apropiado para responderla. Luego buscan todos los estudios que se han realizado (no sólo los publicados y no sólo los que estén en su idioma natal). Después analizan la calidad de los mismos, lo cual es crítico (no todo lo que brilla es oro). Finalmente analizan los resultados, los combinan cuando es apropiado, y los interpretan. Y todo debe ser transparente, con los métodos explícitos, de manera que si alguien replica la revisión debería llegar a las mismas conclusiones.

Pero sería un error considerar a ciegas las conclusiones de una revisión sistemática que incluye un metaanálisis como la mejor evidencia. Continuar leyendo

MBE: Fundamentos y su enseñanza en el contexto clínico

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Si la medicina siguiera practicándose como hace siglos, nuestro trabajo como profesionales de la salud sería fácil. Podríamos culpar a un “humor” o a un “espíritu” de las enfermedades de la humanidad; o bien podríamos seguir desangrando a los pacientes para curarlos de fiebre, aplicar aceite hirviendo en sus heridas de guerra para evitar gangrena, o producir un choque hipoglucémico para “curar” la esquizofrenia. En los inicios de la humanidad, importaba más quién curaba (por ejemplo, el chamán más sabio) y no tanto el cómo o el qué. Las decisiones de los encargados de la salud se apoyaban usualmente en cualquier creencia, en sus propias convicciones u observaciones sin ser probadas mediante el método científico.

Para nuestra fortuna, la ciencia fue un requisito para los que practicaban la atención a la salud, uniéndose a ese arte necesario de interacción humana que siempre ha caracterizado a la medicina. Gracias a ello obtuvimos mayor conocimiento con menos probabilidad de errores y sesgos. Comenzamos a obtener información científica al alcance de nuestras manos. Gracias a un libro o a una revista médica, teníamos valiosa información para nosotros y nuestros pacientes. Posteriormente, un teclado y una computadora conectados a la internet serían suficientes para incrementar la rapidez y el tamaño del flujo de datos, con la notable consecuencia de que hoy en día es imposible estar al tanto de toda la información que surge de la ciencia médica. Esto ocasionó una brecha de conocimiento: muchos tratamientos o toma de decisiones en salud son recomendados sin un sustento científico, mientras que muchos otros, que pueden funcionar, no se usan, o se usan mal, o los que hacen daño se siguen usando. En pocas palabras, la incertidumbre sigue estando presente en el ámbito de la interacción médico-paciente.

El médico y todos los profesionales de la salud se dedican a proveer el mejor consejo para ayudar a los pacientes en la toma de decisiones y así generar mejores desenlaces en la salud del individuo y de la sociedad. Pocos niegan que esta toma de decisiones debe venir de un buen juicio sobre los beneficios, costos y posibles daños de la decisión que estén tomando, y este juicio debe estar apoyado en la mejor investigación científica disponible sin dejar de lado los valores y preferencias de cada paciente.

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