RESULTADOS IMPORTANTES PARA EL PACIENTE

Durante las próximas XXX Jornadas Pediátricas de nuestro hospital me tocará hablar acerca del uso de la sacarosa para disminuir el dolor cuando se vacunan los niños. Es un tópico sencillo, pero por alguna razón aún algo desconocido entre pediatras. La eficacia del azúcar como analgésico ha sido demostrada tanto en lactantes que reciben inmunizaciones, como en recién nacidos que se someten a procedimientos menores.

Por eso me llamó la atención una noticia publicada en varios sitios hace menos de 2 semanas. En el Guardian la titularon: “Los recién nacidos no deben recibir azúcar como analgésico, un estudio del Lancet advierte que esa actual práctica médica no funciona y pudiera causar daño cerebral“. Al mismo tiempo, la nota apareció en Medscape y en MDLinx. Pero el título de la noticia en el Guardian es especialmente alarmista. ¡No se les debe dar! ¡Les va a causar daño cerebral!

Así que decidimos darle un vistazo al artículo original.

Se trata de un ensayo clínico bien hecho, con ocultación de la secuencia de aleatorización adecuada y un excelente enmascaramiento. Sin embargo, los resultados (o outcomes) escogidos por los autores son un poco discutibles. Ellos consideran que ni el llanto del niño, ni su comportamiento son manifestaciones claras de dolor. Mencionan que son observaciones subjetivas y sin verdadera importancia. Entonces, mejor analizaron como su resultado principal los cambios en el electroencefalograma (EEG) y en la electromiografía.

Los resultados son claros: la sacarosa sí reduce el llanto, y sí reduce los comportamientos observados que cualquiera catalogaría como sugestivos de dolor. Sin embargo, en ambos grupos se registraron los mismos cambios en las señales del EEG. Como el EEG sugiere dolor, argumentan los autores, entonces la sacarosa no funciona.

Medir el dolor, sobre todo en niños pequeños, es algo complicado. Visto desde el punto de vista de ciencia básica y neurofisiología, los autores tienen razón. Pero me pregunto qué resultado es más importante y orientado al paciente, ¿los cambios en el EEG o el llanto y el comportamiento del bebé?

Y en cuanto a que la sacarosa produce daño cerebral, son sólo hipótesis indirectas en este momento. Las revisiones sistemáticas realizadas hasta el momento incluyen más de 3,000 niños y no indican daño. Pero sí faltan estudios a largo plazo y con dosis múltiples para evaluar si en realidad existe algún efecto adverso clínicamente importante.

En la revista Evidencias en Pediatría hicimos un análisis crítico del artículo, y ha sido publicado en la versión “online first” del próximo número de diciembre.

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa

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