SON GUIAS, NO RECETAS DE COCINA

El objetivo final de las guías de práctica clínica es mejorar la calidad de la atención médica. Las guías pueden reducir la variabilidad en la práctica y también los costos. El problema viene cuando se utilizan como recetas de cocina.

Una guía clínica ideal se redactaría por un grupo multidisciplinario que abarque todas las áreas involucradas en determinada enfermedad, se actualizaría de manera continua, y se basaría en la mejor evidencia disponible y proveniente de revisiones sistemáticas de alta calidad (como las revisiones Cochrane). Sin embargo, no es fácil hacer esto y pueden existir fallas en su desarrollo y en su implementación. En la revista Evidence Based Child Health, Kremer LC enumera estos detalles.

Problemas al desarrollar los sumarios de la evidencia dentro de las guías:

  • La evidencia puede no provenir de revisiones sistemáticas (lo cual sería ideal).
  • Puede faltar un análisis crítico de todos los estudios incluídos para la realización de la guía.

Problemas al desarrollar las recomendaciones dentro de las guías:

  • Puede existir una falta de transparencia entre la recomendación que se da en la guía y la evidencia científica que debería sustentarla.
  • Puede ser difícil la incorporación de la evidencia al paciente individual.
  • ¿Cómo generar recomendaciones si falta evidencia? Las opiniones de experto y los consensos pueden tener altos sesgos.
  • Rara vez se toman en cuenta los valores o preferencias de los pacientes para las recomendaciones en las guías. Tal vez porque no se conoce la manera de hacerlo.

Finalmente, Kremer LC recalca algunos problemas generales con las guías clínicas:

  • Existen guías clínicas llamadas “basadas en evidencia” aún cuando realmente no lo están, ni están realizadas de una forma sistemática.
  • Muchas guías son demasiado largas o escritas de tal manera que es difícil usarlas en la práctica diaria.
  • Algunos usan o quieren que se usen las guías como receta de cocina. Aún insistiendo en la evidencia, la experiencia del clínico y el paciente individual nunca deberán ser olvidados.
  • Las guías deben actualizarse de manera continua, lo cual no suele pasar.
  • Hay múltiples guías sobre un mismo tema. Y en ocasiones, tienen recomendaciones contrarias.
  • Por diversas razones, muchas veces no pueden implementarse las recomendaciones de las guías en la práctica (falta de recursos, arraigo de conductas y costumbres, prejuicios, burocracia, etc.)

A pesar de todo lo mencionado, las guías clínicas bien formuladas pueden tener un gran impacto en la calidad de la atención de nuestros pacientes. Nuestra labor será idenfiticar guías bien hechas, aprendiendo a hacer una lectura crítica de ellas con instrumentos como el AGREE.

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa

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