La letra escarlata: ¿por qué bailas con el diablo?

Hace aproximadamente 15 días sale publicada una nota en la sección Capitanes del grupo Reforma que me llamó particularmente la atención y he tenido ganas de escribir al respecto desde que la leí, pues se trata de un tema muy de moda en México y en el mundo con el problema de los conflictos de interés entre las compañías farmacéuticas y los médicos.

En muchas partes del mundo se comienza a regular la cantidad de regalos (en cualquier forma) que reciben los profesionales de la salud por parte de las compañías farmacéuticas por su injerencia en los intereses y las decisiones que estos toman para con sus pacientes.

Desde el 2006, respetados autores y miembros de la AMA (American Medical Association) recomiendan una mejor regulación de esta interacción entre médico y compañía farmacéutica ya que, aunque muchos profesionales de la salud lo niegan, el pequeño o gran regalo de cierta compañía farmacéutica, definitivamente influye en la decisión final que los médicos toman al estar frente a un paciente (una reciente reseña sobre un buen libro salió en el blog de Kevin MD).

Mi intención no es satanizar a toda la industria ni a todos los médicos, como lo marco más adelante, pero es obvio que las mismas han demostrado que se han metido no solo en ese frente de ataque sino en muchos otros. Previamente se ha escrito en este mismo blog sobre cómo la industria farmacéutica utiliza estrategias diferentes para influir en las decisiones del médico. Por recordar algunos ejemplos, están la creación de la evidencia al pagar a “escritores fantasmas” (ghostwriters) es decir, personas expertas en un tópico que escriben un artículo favoreciendo a cierto medicamento, pero el que firma el artículo es otro “profesional experto” altamente reconocido que solo presta su nombre para que sea más el impacto de la información sobre los lectores (una gran nota sobre este problema, escrita en el New York Times, la pueden hallar aquí); o el “sembrado” de ensayos clínicos (“seeding trials”) como el reciente ejemplo del Neurontin, cuando se realizan estudios clínicos rimbombantes y se invita a médicos “investigadores y líderes de opinión” de muchas partes del mundo a que lo lleven a cabo en sus consultas como parte de una “investigación en curso”, cuando en realidad el único objetivo es la promoción del medicamento, y no la mejora en la atención a la salud; también está el uso de líderes de opinión para la promoción “puerta por puerta”, la segmentación del mercado, el “disease mongering”, entre muchas otras.

Pero ¿qué pasa cuando una compañía farmacéutica decide hacer algo al respecto sea cual fuere la razón?

La nota de Reforma menciona una carta que el laboratorio Astra Zeneca difunde entre los médicos y cita un párrafo de la misma:

“A partir del segundo semestre del año en curso, dejaremos de patrocinar cuotas de inscripción, boletos de avión y hospedaje para profesionales de la salud que participan en eventos científicos”.

Según el editorialista (en lo personal, no he visto la carta) la misiva es firmada por Ricardo Álvarez Tostado, director de Astra Zeneca; y continúa el editorialista:

“dice Álvarez que cambiarán estos premios por el fortalecimiento de su programa de Educación Médica Continua… alude a la necesidad de impulsar `los más altos estándares éticos´, porque la misión de la empresa es `hacer la diferencia más significativa para la salud del paciente, a través de las mejores medicinas.´”

Y termina el artículo con dos preguntas y un enunciado final. La primera pregunta es la que más me preocupó y a la vez entristeció:

“¿Están hoy algunos médicos recetando la mejor medicina? ¿o aquella cuyo fabricante patrocinó su más reciente viaje?”

“¿Lo hace (Astra Zeneca) por un impulso ético o porque simplemente ya salen tan caros los patrocinios que éstos amenazan la rentabilidad del negocio?”

“Pero más cercana a usted estará la reacción de algunos médicos, que podrían boicotear a la compañía y no recetar medicamentos de Astra Zeneca, aunque uno de ellos pudiese salvarle la vida.”

Recalco la primera pregunta: ¿estamos los médicos tomando decisiones en base a quién nos patrocina o nos deja de patrocinar? Ésta la dejo para la introspección y auto-crítica.

Sinceramente no sé los motivos de la compañía (ni me interesa saberlos, solo espero que sean buenos) y me voy a la última frase del editorial, donde asumo que el autor ha notado (o presenciado) una posición o escozor por parte de algunos médicos respecto a la carta. La verdad es que esa aseveración incluye a cualquier profesional de la salud; es decir, se interpreta como si nos estuviesen diciendo: “tú tomas decisiones sobre tus pacientes en base a lo que te da o te deja de dar cierta compañía farmacéutica y no te importa si los productos de Astra Zeneca son buenos, malos, caros, baratos, eficientes, efectivos… lo que estás tomando en cuenta es si te patrocinan o no un viaje, una beca (aunque sea para mi educación continua como médico)”.

Toda toma de decisión de médico a paciente, sobre el uso de cualquier medicamento, intervención terapéutica o prueba diagnóstica, debe incluir la evaluación del rigor científico de dicha intervención o prueba (i.e., su eficacia y eficiencia), el balance entre el beneficio y riesgo, el balance entre beneficio y costo, la experiencia clínica y los valores/preferencias de cada paciente de forma individual.

Lo malo es que el editorialista tiene razón.

Dr. Carlos A. Cuello

Centro de Medicina Basada en Evidencia

Tec de Monterrey

Declaración de conflicto de intereses: Ninguno.

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