¿PREFIERO UN DOCTOR CIENTIFICO O HUMANO?

“Curar a veces, aliviar a menudo, confortar siempre”

– Alexis Carrel

Una de las principales razones por las que escogí estudiar medicina fue la perfecta armonía que se puede alcanzar entre la ciencia y el arte.

La ciencia como la conocemos, ya sea desde la época de Ibn al-Haytham, Abu Rayhan Biruni o Roger Bacon, empezó a existir cuando los grandes pensadores dejaron a un lado las observaciones puramente empíricas y trataron de comprobar las ideas, observaciones e hipótesis mediante un método explícito, medible y repetible (Shapin S. The Scientific Revolution 1996. Chicago Press, Ltd).

No cabe duda que la ciencia ha llevado al hombre a metas que creía inalcanzables. Si tan solo comparamos el día de hoy con hace 100 años nos daremos cuenta de la dimensión de lo que hablamos. El cuerpo humano fue uno de los primeros nichos y objetivos de los científicos. La medicina es un arte que a la vez es, inevitable y afortunadamente, una ciencia.

La mayoría de los pacientes esperan un doctor amable, sonriente y empático a sus problemas. Esto es algo que nosotros como profesores no podemos enseñar en las aulas de las escuelas de medicina o en libros de texto. Como médicos, clínicos o profesionales de la salud “expertos”, podemos sin embargo fungir como modelo a seguir; esto es algo que sí podemos (y debemos) encarar y manejar, de tal suerte que el aprendiz pueda localizar esa parte en cada uno de sus tutores que irá usando como piezas de un lego para construir su propia personalidad de profesional. Algo que muchas veces no es visible son las competencias sobre los conocimientos que un estudiante o residente debe recibir, tanto habilidades como valores que forman parte de los currículos de las escuelas de medicina y programas de posgrado (ACGME).

De nada sirve un estudiante de medicina o residente con un gran sentido del humor, alegre, jovial y empático si no tiene los conocimientos científicos, las características y habilidades propias de la ciencia, llámese de auto-aprendizaje, curiosidad, litigante, crítico, escéptico, inquisitivo que lo hará conseguir la mejor información para ayudar y salvar a su paciente. Así tampoco es útil un estudiante con un coeficiente intelectual de 130, llegando al pase de visita con el último artículo del JAMA o el LANCET, pero que no siente la más mínima empatía por su paciente o que se refiere al mismo con apodos, burlas o muchas de las conductas poco profesionales comúnmente vistas en hospitales. Para mi sorpresa y por desgracia, me di cuenta recientemente que la empatía de los jóvenes médicos se pierde aproximadamente ¡durante el tercer año de la escuela de medicina! (Hojat M, 2009)

La medicina es un arte porque cada individuo (médico) practica su profesión con ese “toque personal”, único; lo hace porque no podría hacer otra cosa en su vida que le llene tanto y que le inspire con tanta pasión.

physician art

Esta pintura de Luke Fildes (1891) se demuestra de una forma portentosa lo que es el interés clásico por el galeno hacia sus pacientes. El doctor de esta pintura está viendo detenidamente a su paciente en espera de que “algo” ocurra… es obvio decirlo, pero en aquel entonces no había más que hacer; hoy en día, si solamente se hace esto, aunque sea con esta pasión que demuestra el doctor, se está siendo negligente.

physician cient

El otro médico puede estar inmerso en su laboratorio haciendo grandes descubrimientos, puede tener la última palabra y un inmenso conocimiento de las enfermedades y sus tratamientos, pero sin el toque humano y profesionalismo es factible que tenga poco éxito y la calidad de vida de sus pacientes disminuya. Las dos caras (pinturas) son deseables para el paciente.

La ciencia es más una actitud, es un modo de pensar (decía el famoso astrónomo y autor, Carl Sagan), es una forma de actuar. Se trata de tener la mente abierta a decir “puedo estar equivocado más veces de lo que pienso”.

Es una crítica común a la medicina alopática y mucho más con la tendencia de la medicina basada en evidencia, catalogarnos de “arrogantes”; de no creer y desacreditar a muchas ramas “naturales” de la medicina, llámense acupuntura, homeopatía, magnetismos, etc. Sin embargo un gran miedo de las medicinas alternativas y “complementarias” (tema que discutiré más a fondo en otros posts) es que si algún científico toma una de estas terapias y prueba mediante una estricta metodología que cierta sustancia “natural” funciona y salva vidas, pasará inmediatamente a las filas de la ciencia (de hecho así se han hecho los grandes descubrimientos de la ciencia, por ejemplo, muchos antibióticos, opiáceos, entre otros); desgraciadamente la mayoría de estas terapias alternativas han sido probadas ya mediante diversos estudios con rigor científico y la mayoría no han demostrado ser mejor que el placebo.

No se trata de desacreditar o acreditar a “gente”; se trata de llevar a cabo descubrimientos que mejorarán la calidad de vida de nuestros pacientes y salvarán vidas, en aras de una mejor existencia del ser humano en nuestro planeta.

El día que la medicina pierda su lado humano, ese día dejaré de ser médico.

Carlos A. Cuello García
Director, Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey
www.cmbe.net

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Acerca de Carlos Cuello

M.D., Ph.D. Department of Health Research Methods, Evidence, and Impact / Department of Pediatrics McMaster University Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey