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SOBRECARGA DE INFORMACION Y COMO MANTENERSE ACTUALIZADO

El mundo en que vivimos se encuentra inevitablemente globalizado, y la medicina no se escapa de esta tendencia. Cada día tenemos pacientes más informados y que frecuentemente llegan con preguntas o inquietudes, fruto de este flujo alto de información.

Si la medicina siguiera practicándose como hace dos siglos, realmente nuestro trabajo como profesionales de la salud seguiría siendo fácil. Podríamos culpar fácilmente a un “humor” o “espíritu” los males de nuestros pacientes y seguir desangrando a los mismos para curarlos. En aquellos tiempos importaba más el “quién” te curaba y no tanto el “cómo” o el conocimiento. Para nuestra fortuna la ciencia y la medicina han avanzado, pero trae como consecuencia que requiere de un profesional de la salud especializado. A pesar de esto, es imposible leer y conocer toda la literatura que existe además de la que se va agregando día a día.

Afortunadamente, gracias al internet, tenemos servicios para que nos llegue información relevante y válida de manera automática para cuando la necesitemos (a lo que los anglosajones le llaman “PUSH” o “just in case“). Y por otro lado, tenemos recursos para obtener la mejor evidencia científica acerca de una pregunta clínica de manera rápida y con poco esfuerzo, en el momento que la ocupemos (“PULL” o “just in time“).

Con esto en mente, los pasados días 30 de septiembre y 1 de octubre, durante las XXIX Jornadas Conmemorativas del Hospital Pediátrico de Sinaloa, tuvimos la oportunidad de impartir un taller titulado “Cómo manejar la sobrecarga de información y estar al día en la práctica clínica“.

taller

El taller fue dividido en 2 días. El primer día fue de PUSH: compartimos sitios como el BMJ Evidence Updates, discutimos el uso y la aplicación de redes sociales como Twitter y Facebook en medicina, la utilidad de los blogs, y reglas de etiqueta y privacidad. Y el segundo día fue de PULL, en el que utilizamos la pirámide de las 6S de Brian Haynes para obtener información “pre-analizada” de manera rápida.

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Tal vez lo mejor del taller fue el entusiasmo e interés por parte de los asistentes. Resulta motivador compartir conocimientos con médicos preocupados por mantenerse al día.

Carlos A. Cuello García
Director, Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey
www.cmbe.net

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa

CONSEJOS PARA ESTUDIANTES Y RESIDENTES A INICIAR SU TESIS O INVESTIGACION CLINICA

“Doctor” – se acerca el residente a la mesa donde tomo mi café matutino mientras él comienza a abrir el archivo de Excel en su computadora portátil – “ya acabé mi tesis, aquí están los datos, necesito que me ayude con lo de estadística”

Apenas dos columnas con dos sub-columnas con los datos de unos 30 a 40 pacientes. En las columnas solo capturó lo que le pareció interesante o que era el objetivo primordial de su estudio, ignorando todas las demás variables de sus pacientes.

“¿Te ha tocado atender a algún paciente víctima de un accidente, con una lesión tan severa que no tiene caso continuar con maniobras de salvación?” –le pregunto- “y piensas que, con un poquito de prevención, de haber usado el cinturón de seguridad, se pudo haber hecho mucho y estaría hoy al menos vivo y con la menor discapacidad?”

“Sí, varias veces, terrible” –responde dejando entrever la incertidumbre de hacia dónde va mi punto.

“Bueno” –le digo- “así es como me siento en este momento”

Cuando se acerca un residente o estudiante de medicina a resolver dudas de su tesis y/o proyecto de investigación, la mayoría de las veces acuden demasiado tarde. Muchos asesores de tesis comparan esa asesoría tardía con una necropsia… no hay nada que hacer ya por ese trabajo… a veces sucede que el trabajo de todas formas se presenta como tesis y entonces, en mi opinión, el asesor se compara más con el trabajador de la funeraria que maquilla y emperifolla a la víctima lo más que se pueda para que pueda salir a la luz pública durante el funeral sin crear pánico entre la multitud.

Pero estamos aquí para ayudar a nuestros pupilos, y el fin de criticar ese trabajo es con el objetivo final de orientarlos.

¿Qué se requiere hacer entonces para evitar esto? ¿Qué se necesita para terminar una buena tesis? La respuesta es sencilla: iniciar bien.

El comienzo de una buena investigación clínica tiene que ver con una buena pregunta de investigación. La práctica clínica diaria genera ya estas interrogantes, en número de 3 a 5 preguntas clínicas por cada 10 pacientes vistos (Ely 1999).

La tesis de investigación debe ir orientada a la realidad de nuestra sociedad, de nuestro entorno, llámese hospital, ciudad, país o el mundo.

¿Alguna vez te has preguntado: Por qué quiero hacer ESTE trabajo de investigación?

A) Porque me obligan y si no lo hago, no me gradúo
B) Porque quiero ser famoso, “apantallar” a pacientes, colegas y estudiantes cuando mi nombre aparezca en una revista de renombre
C) Porque me aumenta mi currículo
D) Porque me pagarán más por hacerlo
E) Porque aumentará mi conocimiento y seré un experto en el tema
F) Porque el resultado beneficiará a la humanidad (pacientes, sociedad, sistema de salud, etc.)

Cada día salen a la luz cientos de estudios de investigación. Sin embargo solo un pequeño porcentaje de estos serán de relevancia para el clínico y llegarán al paciente. Peor aún, esos resultados cambiarán el comportamiento del médico (y que aplicará a sus pacientes) solo hasta pasados unos 10 a 15 años (Glasziou 2005, Antman 1992).

Por lo tanto, mi pregunta a los que iniciarán su investigación clínica es: ¿Para qué cooperar con este cúmulo de información que NO será de utilidad para la ciencia, el clínico o su paciente?

A continuación presento los pasos que sugiero para que lleven a cabo una buena tesis de su especialidad.

1. Despierta tu inquietud científica (haz la pregunta)

Llega a urgencias un paciente de 59 años con bronquitis aguda de probable etiología viral. Tú como residente decides iniciar tratamiento y un compañero y un maestro con muchos años de experiencia te recomiendan usar AMBROXOL jarabe para adulto. Al paciente y a muchos colegas les suena normal y sensato, ya que la mayoría de los médicos lo usan. Pero tú, como científico y escéptico, tomas la valentía de decir “¿Por qué?” “¿Realmente sirve de algo?” “¿Me atrevo a desafiar a mis grandes maestros y a años de tratamiento con esta medicina (no se diga desafiar a las grandes compañías farmacéuticas)?”

Como menciono antes, TODOS los días tenemos dudas, ya sea en la entrega de guardia, en el pase de visita, en el quirófano, consulta, plática de café, etc. Lo importante es hacer consciente esta duda inmediatamente la tengamos, y para eso se requiere de la inquietud científica, condición que seguramente nos llevó a muchos a estudiar medicina. Se trata de ser niños inquietos que todo se cuestionan, que a todo preguntan “¿POR QUÉ?”

Para esto también es necesario que realices tu pregunta en un formato amigable conocido como el formato PICO (acrónimo de la medicina basada en evidencia que significa: paciente/problema, intervención, comparación y outcome o desenlace clínico), el cual se explica a fondo en otros sitios.

2. Busca

Una vez hecha la pregunta requieres de las habilidades de búsqueda de información. Esto al principio llevará tiempo y esfuerzo, algo de práctica diaria; pero en menos de lo que piensas serás un experto. No hay  una única maniobra o estrategia que te lleve a todas las respuestas; es necesario apretar todos los botones, usar distintas herramientas de búsqueda, y llevar a cabo la maniobra de “prueba y error” constantemente. No te desesperes, trata de hacerlo relajado y sin miedo a equivocarte.

Para lograr resultados se requiere saber también que existe, sin embargo, un orden de búsqueda; esto es, las jerarquías de la información buscando primero en revisiones sistemáticas, luego ensayos clínicos aleatorios, estudios observacionales, etc. El tema se explica en otros blogs (haga clic aquí para ver una introducción al tema de búsqueda de información) donde se detallan sitios a usar. Para fines prácticos, se trata de buscar primero la información que otros ya hayan sintetizado. En el ejemplo del paciente con bronquitis aguda, tu pregunta es si el ambroxol será de ayuda para acelerar la curación de la entidad clínica. Teniendo en cuenta que es una pregunta de tratamiento te dedicas a buscar revisiones sistemáticas sobre el tema (es decir, síntesis de la información). Si haces hoy la búsqueda, te darás cuenta que la evidencia sobre el tema es muy escasa y se requieren de estudios de mayor calidad… aquí es donde entras tú.

3. Obtén asesoría ANTES de iniciar tu tesis

Esto va con el ejemplo del residente al inicio de este post. Aunque es triste, pasa muy seguido, y créanme que es frustrante ver tanto esfuerzo e información desperdiciada que pudo haberse utilizado con mucho mayor resultado. El objetivo es saber qué tipo de diseño de investigación responderá mejor a tu pregunta clínica. Esto es, disminuir en lo posible el sesgo sistemático de tu estudio. En el ejemplo del ambroxol para bronquitis, el diseño adecuado a llevar a cabo es un ensayo clínico aleatorio con un grupo controlado con placebo para demostrar, con el menor sesgo posible, que el ambroxol funciona o no funciona para disminuir los días de enfermedad o aliviar los síntomas.

El tutor te dará su punto de vista sobre el mejor diseño, cómo se debe llevar a cabo, cómo hacer la distribución aleatoria, el cálculo del tamaño de muestra, cómo escribir el protocolo de investigación y cómo someterlo a la comisión de investigación local de tu escuela o instituto. Entre ambos (tú y él/ella) verán la factibilidad del estudio. Habrá ocasiones en que no es posible el estudio en tu área, ya sea por el tiempo disponible (por ejemplo, se requeriría un estudio de  cohorte con miles de pacientes), el número de pacientes (que sea necesario reclutar a miles de pacientes ya que el desenlace principal a evaluar es poco común), el costo (tu tratamiento a evaluar es demasiado costoso y no hay patrocinio) o la relevancia en sí del estudio (la importancia que tendrá el resultado de tu estudio, ya sea que apruebe o deseche algo que se ha estado usando desde hace mucho tiempo).

4. Aprovecha el área de oportunidad

Ya sea mediante estos pasos mencionados que surgieron a partir de una pregunta clínica de la vida real, o bien mediante una sugerencia plausible de un colega o un sitio especializado como el DUETs, siempre hay un área de oportunidad para llevar a cabo la investigación.

Tomando en cuenta esto, la tesis que termines no será en vano, y “mataremos varios pájaros de un tiro”.

Primero, se cumple lo más importante, el valor científico y humanístico de la investigación; es decir, con el resultado final del estudio se espera ayudar a incrementar la certidumbre científica de los clínicos, y no importa que el resultado sea negativo (es decir, que concluyas que el ambroxol no sirve para nada), ya que, si este es el resultado, entonces se tomará en cuenta en las siguientes guías clínicas o meta-análisis para tomar decisiones de gran importancia para un sistema de salud. Esto ayudaría a recortar gastos. Por el otro lado, si tu estudio bien hecho, demuestra un beneficio del medicamento, qué mejor que se comience a utilizar una vez pasado por el filtro de la crítica.

Segundo, una tesis de esta importancia clínica es más probable que sea aceptada en una revista reconocida y con un mayor factor de impacto, y aunque no es el principal objetivo, es deseable para incrementar tu currículo, el prestigio de la  institución y el país, cosa que tanta falta le hace a México y a Latinoamérica.

5. Escoge a tu tutor

Usualmente existe un staff de profesores dedicados en cuerpo y alma a la investigación clínica, así que es probable que encuentres a alguien con quien congenies en las ideas. De preferencia busca a alguien con experiencia en publicar y también que haya sido rechazado varias veces de distintas revistas internacionales. Esto te da una idea de que el producto final nunca es fácil, pero vale la pena.

6. Publica tu tesis ANTES de iniciarla

Así es, antes de iniciar el protocolo y el ingreso de pacientes/participantes en tu estudio, reporta tu ensayo clínico. Esto surgió porque actualmente las revistas con mayor factor de impacto (léase JAMA, Lancet, New England Journal of Medicine, entre otras) ahora requieren que, para publicar tu ensayo clínico de intervención, se haya previamente publicado en cualquiera de los sitios en internet abiertos al público de registro de ensayos clínicos aprobados; por ejemplo, clinicaltrials.gov y ISRCTN, entre otros.

7. Publica tu tesis cuando acabes

Por favor, antes de presentar tu tesis, no tires todo el trabajo por la borda y manda tu trabajo a publicar. Empieza de arriba hacia abajo. No importa el rechazo, manda tu artículo a revistas de alto factor de impacto. Es normal que intentes dos o tres revistas antes de obtener una respuesta favorable.

8. Si te gustó, continúa

Sé que solo un puñado de los médicos al final querrán dedicarse a este tema, pero si te gustó el proceso, no cejes en el empeño; puedes seguir publicando desde alguna institución educativa, o bien desde algún grupo clínico que le interese el incremento de la publicación científica en nuestro medio y que esto sea aplicado a donde realmente nos interesa, al lado del paciente.

Carlos A. Cuello García
Director, Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey

LECCIONES DE LA MUERTE DE CUNA

muerte de cuna

En 1946, el Dr. Benjamin Spock publicó uno de los libros más leídos a nivel mundial referente al cuidado de los niños: Baby and Child Care. El Dr. Spock fue un reconocido pediatra norteamericano, pionero en el estudio del psicoanálisis para tratar de entender el comportamiento infantil.

En la edición de 1958 de su libro escribió: “si un lactante vomita [cuando duerme boca arriba], es más probable que se ahogue con el vómito”, refiriéndose a que los niños pequeños deberían de dormir boca abajo. Dicho libro influyó a miles de médicos y la recomendación de dormir a los niños en decúbito prono persistió hasta los años 90’s.

A principios de la década de los 70’s, existían ya un par de estudios epidemiológicos que mostraban un riesgo mayor de síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) en niños que dormían boca abajo. Se estima que de haberse analizado esta información en aquella época, se habrían prevenido más de 50,000 muertes en Inglaterra, Estados Unidos y Australasia. Sólo podemos imaginar cuántas muertes por este síndrome podrían haberse evitado en el resto del mundo si desde entonces hubiéramos hecho caso a esta evidencia científica.

La recomendación del Dr. Spock suena lógica. Si el bebé está boca arriba y vomita, suena lógico pensar que se podría broncoaspirar. Y estoy seguro de que las intenciones del Dr. Spock eran buenas. Sin embargo, su recomendación estaba basada en una teoría, en una percepción de lo que podría pasar, en experiencia personal.

El SMSL es un ejemplo clásico del porqué debemos basar nuestros cuidados en las evidencias generadas por la investigación. Sin darnos cuenta, y creyendo que tenemos una base lógica para recomendar algo, en ocasiones podemos causar más daño que bien. Esto no quiere decir que dejemos a un lado la experiencia, sino que es ideal fundamentar nuestros tratamientos e integrar estas pruebas a nuestra pericia clínica para garantizar el mejor cuidado posible.

Ahora sabemos que los niños que duermen en decúbito prono tienen un riesgo casi 5 veces mayor de morir por SMSL que los niños que duermen en decúbito supino: odds ratio de 4.92 (IC95% 3.62 a 6.58). Pero no fue hasta mediados de los 90’s cuando al fin se inició la campaña Back to Sleep (“De espaldas, a dormir”).

Aún así, por lo menos en nuestra cultura mexicana, existe el miedo de que si a un niño se le acuesta boca arriba se broncoaspirará. Por eso, es muy común que médicos sugieran dormirlos de lado. De nuevo, dormirlos de lado suena lógico. Y de nuevo, es una recomendación basada en nuestras percepciones personales y en una costumbre arraigada. Los niños que duermen en decúbito lateral también tienen un poco más de riesgo de SMSL que los que duermen en decúbito supino: odds ratio de 1.36 (IC95% 1.03 a 1.80).

Existen condiciones en las que tal vez el riesgo supere al beneficio, como el caso de los niños con enfermedad por reflujo gastroesofágico severo. Pero en la mayoría, la mejor posición para dormir a los menores de 1 año es en decúbito supino.

Este año, se han publicado dos revisiones acerca del tema en las revistas American Family Physician y New England Journal of Medicine. En ambas se menciona el riesgo de dormir a los niños boca abajo Y de lado. A pesar de estas pruebas, ¿cuánto tardaremos en olvidar el miedo que, de manera no intencional, nos inculcó el Dr. Spock?

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa

ESPERANDO CON LA OTITIS MEDIA

otitis media

En una entrada previa mencionábamos que el número necesario a tratar (NNT) es una forma práctica para ilustrar qué tanto nos puede servir un tratamiento. Hoy veremos un ejemplo de su aplicación en una de las enfermedades más frecuentes en pediatría: la otitis media aguda (OMA).

El tratamiento base de la otitis media aguda, al considerarse una infección bacteriana, son los antibióticos. Desde hace algunos años, algunas guías clínicas invitan a esperar y ver la evolución (en niños mayores a 2 años) en vez de usar antimicrobianos desde el inicio. Vamos a revisar cuáles son las bases de estas recomendaciones.

¿Por qué dar antibióticos en pacientes con OMA?

1. Para reducir el dolor de oído más pronto.
Existe una revisión sistemática de la Colaboración Cochrane que muestra los beneficios del uso de antibióticos para reducir el dolor. A las 24 horas, los antibióticos no muestran beneficio con respecto al placebo. Entre los 2 y 7 días sí existe una reducción relativa de aproximadamente el 28%.

Traduciendo esto, se necesitaría tratar a 16 niños para que 1 dejara de tener dolor de oído más pronto. NNT = 16.

Los antibióticos son armas de dos filos, así que hay que considerar los efectos secundarios. Según dicha revisión, existe un aumento relativo de efectos adversos (como vómito, diarrea o rash) de un 37%.

Considerando esto, vemos que el beneficio de los antibióticos en cuanto al alivio del dolor es pequeño, considerando los posibles efectos adversos.

2. Para reducir complicaciones como mastoiditis y meningitis.
Este objetivo sería mucho más importante que simplemente reducir el dolor, ¿cierto? En todo caso, para el dolor tenemos a la mano los analgésicos.

Analicemos el riesgo de mastoiditis si no se les da antibióticos a los niños con otitis media. Aunque es un estudio retrospectivo, publicado en la revista Pediatrics aporta información interesante:

De 1990 al 2006 hubo 854 casos de mastoiditis en el Reino Unido. Sorprendentemente, de todos los casos sólo el 35.7% tenían antecedente de otitis media.
El riesgo de mastoiditis después de OMA si se daba antibióticos fue de 1.8 casos por 10,000 episodios de otitis.
El riesgo de mastoiditis después de OMA si no se daba antibióticos fue de 3.8 casos por 10,000 episodios de otitis.
Esto significa que se necesitarían tratar a 4831 niños con otitis media, para evitar que 1 desarrollara una mastoiditis. NNT = 4831.

En 1985, una época previa a la vacuna del neumococo y en la cual apenas se iniciaba la vacunación contra H. influenzae tipo B, los holandeses comenzaron a restringir el tratamiento con antibióticos a niños con OMA, tratándolos sólo con analgésicos y gotas nasales. Me resulta increíble pensar cómo se pudo hacer eso en aquellos años, pero los resultados fueron excelentes. De casi 5000 niños de 2 a 12 años con otitis, más del 90% había mejorado a los 3 ó 4 días, ninguno desarrolló meningitis y sólo uno desarrolló una mastoiditis (el cual mejoró sin ningún problema con su tratamiento).

Analizando esto podemos ver la justificación de las nuevas guías clínicas que abogan por la individualización y la disminución del uso de antibióticos en una de las patologías más comunes en pediatría, la cual tiene un curso por lo general benigno.

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa

MATICES PARA DECIR LO MISMO

Existen diferentes maneras para comunicar el efecto de un tratamiento. Algunas son más apantallantes y otras más reservadas. Tal vez, el número necesario a tratar (NNT) sea una de las formas más prácticas para valorar si una intervención terapéutica es de utilidad.

Imaginemos un estudio en el cual a 100 niños les trataron con el medicamento A y a otros 100 les dieron placebo.

Grupo tratado: 100 niños.
Grupo control: 100 niños.

La función del medicamento era disminuir la severidad de la enfermedad X y prevenir así hospitalizaciones. Imaginemos ahora que estos son los resultados:

Grupo tratado: 100 niños. 2 fueron hospitalizados.
Grupo control: 100 niños. 4 fueron hospitalizados.

Si yo dijera que el tratamiento A disminuye las hospitalizaciones al 50%, ¿estoy mintiendo? La realidad es que no. Visto de manera proporcional, 2 es la mitad de 4. Escuchar los resultados de esta manera suena impresionante. La primera percepción puede ser que es un medicamento muy bueno.

Pensemos ahora en términos absolutos. ¿Cuál fue el riesgo de ser hospitalizado si un niño estuvo en el grupo del tratamiento? 2%. ¿Y cuál es el riesgo de ser hospitalizado si el niño estuvo en el grupo control? 4%. La diferencia entre ambos es sólo 2% (4 – 2 = 2).  Esto ya no suena tan impactante.

Si a esa diferencia entre los riesgos de los grupos le sacamos el inverso (1/0.02) obtendremos el número necesario a tratar: 50. Esto quiere decir que tendríamos que tratar a 50 niños para evitar que 1 fuera hospitalizado. Para entenderlo más fácil: si de 100 niños evitamos la hospitalización de 2, entonces ¿a cuántos necesitamos tratar para evitar que 1 se hospitalice? a 50 (con una simple regla de 3).

Entonces, tenemos 3 matices de la misma información:

  • El 50% es la reducción del riesgo relativo.
  • El 2% es la diferencia de riesgos (o reducción del riesgo absoluto).
  • El 50 es el número necesario a tratar.

La manera de comunicar el efecto de un tratamiento puede influir en la decisión del médico de recetarlo y del paciente en recibirlo. Si alguien quisiera venderme un medicamento, ¿cómo creen que me presentaría la información?

Giordano Pérez Gaxiola
Departamento de Medicina Basada en la Evidencia
Hospital Pediátrico de Sinaloa