Archivos del Autor: Carlos Cuello

Acerca de Carlos Cuello

M.D., Ph.D. Department of Health Research Methods, Evidence, and Impact / Department of Pediatrics McMaster University Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey

CHECKLISTS: COSAS SIMPLES QUE SALVAN VIDAS

Con esta noticia desperté el martes de esta semana. Un hospital de mi localidad en el cual han muerto ya cinco recién nacidos prematuros a causa de septicemia y el consecuente choque séptico por la bacteria llamada Klebsiella pneumoniae

En muchas de mis clases inicio con la fotografía, mitad cómica, mitad realidad, que se presenta arriba y con la pregunta: “¿Por qué los pilotos de líneas aéreas cometen menos errores fatales que los médicos?” Continuar leyendo

GRADUACION (GRADACION) DE LA EVIDENCIA

El CENETEC (Centro Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud) es el organismo encargado de evaluar las tecnologías en salud. Es un órgano desconcentrado que depende directamente de la Sub-Secretaria de Integración y Desarrollo del Sector Salud (Secretaría de Salud del Gobierno Federal). Es un importante organismo que cubrirá parte del Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012. Dentro del Programa Nacional de Salud (PRONASA) 2007-2012 usted puede apreciar que uno de los principales objetivos es promover las tecnologías en salud y la creación de un catálogo maestro de guías clínicas.

El catálogo maestro ya se halla publicado. Fue un gran esfuerzo del cual tuve la suerte de ser parte. Pero como auto-crítico tengo que también decir que es perfectible.  Les invito a bajar las guías clínicas y que también sean críticos de las mismas. Esto ayudará a las autoridades a mejorar este catálogo y las guías individuales.

El objetivo de mi charla en el taller del CENETEC para la creación de las guías clínicas fue específicamente sobre la gradación de la evidencia y las recomendaciones. Les adjunto la presentación en slideshare.

Carlos A. Cuello García
Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey
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ANTIBIOTICOS SIN RECETA: UNA LUCHA CONTRA LA IGNORANCIA

En el periódico El Norte, del grupo reforma, en la sección de negocios, apareció un encabezado citando a un señor de bajos recursos del área de Monterrey, y cito:

«Yo soy pensionado y la verdad cuando me duele la garganta voy a comprar ampicilina sin receta, pero ahora con esto, pues no voy a ir al Seguro Social a consultar por una infección de garganta, porque luego te dan la cita hasta dentro de 15 días. Yo creo que voy a otro tipo de clínicas de bienestar social para no batallar»

El norte, 3 de abril 2010, sección Negocios.

Peor aún, el reportero cita a «especialistas» que aseguran que esta medida provocará mayores problemas y costos a los «clientes» de las farmacéuticas, léase, los pacientes.

El argumento de ellos, y de ciertos diputados federales en contra de la medida, es que el sistema de salud es de mala calidad y no se dará abasto con la enorme cantidad de pacientes que ahora tendrá que consultar para poder conseguir un antibiótico… (hasta aquí, la cabeza todavía me daba vueltas), por ende, hay que continuar con la medida de darles antibióticos a la población para que… y aquí es donde me pierdo… «¿Para qué?» – le preguntaría yo a uno de los diputados que si bien apoyan la medida (obviamente, son diputados contrarios al actual gobierno), promueven que no se lleve a cabo aún, ya que hará daño a la sociedad.

Tienen razón en ciertas cosas. Nuestro sistema de salud aún tiene deficiencias en calidad de la atención y probablemente no se dé abasto con el flujo de pacientes (cuya culpa recae en AÑOS de retraso económico, corrupción, flujo inadecuado de recursos para el sector salud, etc). Pero ese no es el único problema; existe un gran elefante en el cuarto que muchos no ven o quieren hacer como que no lo ven: la educación. Y no solo me refiero a la educación básica en nuestros pacientes, que tienen que saber que infección de garganta no es igual a antibiótico, que si no le das antibiótico no se va a morir, que los antibióticos generan resistencias bacterianas, alergias y otros muchos probables efectos adversos, etc. También me refiero a la educación (o transferencia del conocimiento) a todos los niveles del sector profesional de la salud (público y privado). Es de todos nosotros la responsabilidad; desde administradores de hospitales, enfermeras y muchos médicos. Si la población supiera al menos algunos de los puntos sobre el uso adecuado de antibióticos, y/o los médicos nos dedicáramos algunos minutos a dar esa información ya sea mediante viva voz, panfletos, comerciales, lo que a usted se le ocurra y compruebe que funcione; estaremos dando un gran paso en la ruta al desarrollo de nuestro país. Esto claro, con la ayuda de buenas leyes que se cumplan y un adecuado combate a la corrupción.

Sí, sueno a utopía; pero tal vez eso no es lo más triste; lo triste es que esta medida de antibiótico vendido obligatoriamente con receta médica tiene 35 años de edad; desde 1975, en el artículo 225, fracción cuarta, de la ley general de salud, para ser exactos, y aún no somos capaces de llevarla a cabo.

Existen muchas medidas para diseminar la información adecuada a nuestros pacientes, existen guías clínicas que los médicos podemos empezar a usar como APOYO para disminuir el uso indiscriminado de antibióticos. Es cuestión de intentarlo, de educar, educarnos, pensar críticamente y mantener nuestra mente abierta.

Carlos A. Cuello García
Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey
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…Y DOS CAJAS DE AMOXICILINA PARA LLEVAR, POR FAVOR

Cuando iniciaba mi práctica pediátrica hace diez años, comenzaba con ayudar a distintos ex-profesores que manejaban una agenda grande de pacientes en la práctica privada; una paciente de uno de ellos se hallaba con su familia en Europa del norte. Recibí un correo electrónico de ella y precisamente cuando me disponía a leerlo me marca por teléfono.

“- Necesito tu ayuda” –me dice desesperada- “dime ¿dónde consigo antibióticos acá en Finlandia? ¡Los doctores son un asco! ¡No me quieren dar antibiótico para mi hijo! Tiene fiebre desde hace dos días. ¿Dónde compro uno?”

– “¿Qué te dijeron que tenía?”

– Nada, un resfriado.

Después de preguntar y ahondar en el caso, me di cuenta que se trataba de una simple infección viral respiratoria alta, sin ninguna complicación.

– “El doctor está en lo correcto, no se requiere de ningún antibiótico” – le dije- “déjalo y dale lo que te digan allá. No te preocupes en buscar antibiótico, nadie te lo va a vender… será más fácil que consigas una droga ilícita a que consigas un antibiótico.”

Al final, el niño evolucionó como todas los resfriados, en diez días ya se hallaba asintomático.

Con una gran alegría, pero más con sentimiento de vergüenza, recibí ayer la noticia de que en México ya se prohibiría la venta de antibióticos sin receta médica al público.

Lo digo con vergüenza porque desde hace muchos años (de hecho, desde su invención) debió haberse prohibido la venta sin receta médica en nuestro país. Esto no ha provocado más que daño a la población y probablemente de una forma perdurable.

Ya en un post previo, Giordano nos mencionaba la noticia de cómo los hospitales en Noruega eran los más sanos en cuanto a que presentaban la menor cantidad de “super-bacterias”, llámense MRSA (el estafilococo resistente a meticilina) enterococo resistente a vancomicina, entre otros también peligrosos. Pues ya está demostrado que el uso de antibióticos profilácticos no mejora los desenlaces en las infecciones respiratorias o disminuye la mortalidad en cualquier sentido.

Creo que esto apenas es un inicio y que seguirá habiendo cambios positivos. Falta que nuestra comunidad cambie y nosotros como médicos sigamos educando a la misma cada día, en cada consulta.

Carlos A. Cuello García
Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey
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DEBATES BASADOS EN LA EVIDENCIA: EL EJEMPLO DE LA COCA-COLA Y LA OBESIDAD

Hago esta entrada ya que iba a poner un comentario en la anterior, pero se hace más bonito si ponemos links en el texto =)

Y es que ¡es bonito el debate! Desgraciadamente, cuando existen muchas opiniones sobre un tema es lo más probable que la información sea equívoca, y no tengamos la evidencia que soporte un lado u otro (o como decimos en México, los pelos de la burra en la mano). Si existiesen estudios concluyentes que demuestren que los refrescos producen la obesidad, no habría más debate. Lo mismo pasó con el tabaco, al principio, y de hecho a la fecha, no hay estudios aleatorios doble ciego que demuestren el efecto del tabaco sobre el cáncer. Sin embargo sí los hay observacionales con una dosis respuesta y un RR importante que hace que recomendemos fuertemente no fumar.
La obesidad es factor de riesgo para mortalidad, de eso no hay duda (Franks PW, et al. NEJM 2010;362(6):485-93). Las causas de la obesidad son muchas y nadie a la fecha ha encontrado la intervención idónea o el factor de riesgo único para disminuir la obesidad y por ende la mortalidad y morbilidad que acarrea.
Referente a los refrescos (sea coca-cola, pepsi-cola, no tenemos preferencia o mala leche), la pregunta (que usualmente viene de un padre de familia) es:

«¿Usted recomienda que le dé refrescos a mi hij@?»

Y aquí viene lo difícil y a la vez bonito de la ciencia:
Primero tengo que tener una evidencia. Esta puede ser de calidad alta, media, baja o muy baja. Los ensayos clínicos aleatorios, por ejemplo, son inherentemente de alta calidad, mientras los estudios observacionales son de calidad baja. Un estudio observacional se puede elevar en el nivel de la calidad de la evidencia, si existe una fuerte asociación, o una dosis-respuesta. Pero también puede disminuirse si existe mala metodología, la asociación es débil o hay conflicto de intereses.

Adjunto un ejercicio que llevé a cabo; primero hacemos la pregunta clínica:
P= pacientes con sobrepeso u obesidad, I= refrescos de cola, C= no refrescos de cola, O= disminución de la obesidad o sobrepeso.

Para buscar empecemos por la pirámide de la evidencia, es decir, una revisión sistemática que nos conteste esta pregunta.

Usamos los términos siguientes:

(obesity OR overweight) AND ((drinks OR beverage) AND (soft OR cola OR carbonated OR sugar OR sweet))

Después de escribir nuestra estrategia, hay que hacer la búsqueda en la base de datos de la librería Cochrane, y después en DARE y si no hay éxito, directamente en PubMed (área de clinical queries, tratamiento).

En la librería Cochrane no encontré revisiones sistemáticas específicas para refrescos, pero se hallaron incluidos en la revisión sistemática de intervenciones para prevenir la obesidad infantil en donde la evidencia es de moderada calidad aún así. En DARE, fue menos el éxito.

Decidí ir a Pubmed clinical queries, donde coloqué la misma búsqueda en la caja de revisiones sistemáticas. Aquí hubo mejores resultados. 24 entradas que pueden ustedes revisar. De estos vale la pena recalcar varias revisiones:

La revisión sistemática de Malik es bastante completa, aunque no buscó literatura en otros idiomas que el inglés. Incluye tanto estudios observacionales como ensayos clínicos aleatorios. Concluye que no se recomiendan estas bebidas y su disminución en la ingesta se asocia a disminución del peso.

Un statement de la Academia Americana del Corazón concluye lo mismo. Y menciona que las bebidas azucaradas son la  principal fuente en los EEUU de azúcares refinados.

La revisión sistemática de Gibson: mismas recomendaciones, con similar evidencia.

Me sorprendió hallar en los ensayos clínicos este de Chen y cols. El «PREMIER trial», donde directamente una ingesta de bebidas azucaradas, se relaciona con incremento de la ganancia de peso.

En resumen, vuelvo a la pregunta de los padres…

¿Usted me recomienda, doctor, darle refrescos de cola a mi hij@?

Calidad de la evidencia: moderada

Fuerza de la recomendación: Débil para NO recomendar la intervención/consejo (o sea, los refrescos).

Mi respuesta es NO; es decir, mi recomendación final, en base a la evidencia de calidad moderada, es, probablemente no se los ofrezca. Es probable que no le pase nada, pero se incrementa el riesgo de obesidad, con la evidencia a la fecha obtenida. Todo esto en base al sistema GRADE de gradación de la evidencia, del cual hablaremos en otra ocasión.

Cada quien es libre de tomar bebidas azucaradas, alcohólicas, fumar tabaco o inclusive, si es legal, marihuana. El problema viene cuando implica un incremento en el riesgo a la salud, por ende un gasto a la sociedad. Por eso, en mi opinión, no veo con malos ojos un impuesto a estas bebidas, lo cual ya se ha hecho en México y Giordano ya proveyó de la liga en el post previo.

Carlos A. Cuello García
Centro de Medicina Basada en Evidencia del Tecnológico de Monterrey
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